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Los impulsos: no es instinto, es impulso

No es instinto. Es impulso. Y la diferencia lo cambia todo.

Hay una capa previa a la personalidad, previa incluso a la experiencia: la energía que un perro trae de fábrica por pertenecer a su especie y por su carga genética concreta. Esa capa es la que llamamos impulso, y es la que decide qué estrategias tiene a mano antes de que el aprendizaje entre en juego.

Entenderla no explica a un perro entero. Pero explica por qué dos perros idénticos en apariencia responden distinto a la misma situación, y por qué a veces intervenimos sobre lo que se ve sin tocar lo que lo mueve.

La definición

Un impulso es energía. Y es energía de especie.

La energía que predispone a un perro, según su carga genética, a poner en marcha una estrategia de comportamiento.

El instinto es atávico: lo comparte cualquier organismo por supervivencia y reproducción. El impulso es del perro. Su catálogo propio, tras milenios de selección.

El catálogo: once impulsos

Primarios

  • Predatorio
  • Posesivo
  • Social-afiliativo

Secundarios

  • Exploratorio
  • Territorial
  • Competitivo
  • Colaborativo
  • Epimelético
  • Protector
  • Et-epimelético
  • Antagonista

Primario y secundario no es un juicio de valor. Es distancia al comportamiento instintivo.

Los once están en todos los perros. Y en todas las razas.

Como las aplicaciones de un móvil: todas instaladas de fábrica, unas usadas mucho más que otras.

Lo que distingue a un individuo no es cuáles tiene. Es cuáles usa.

De dónde sale esto

Dos troncos de la etología clásica.

John Paul Scott. Clasificó el comportamiento social en sistemas funcionales con nombre propio: epimelético, et-epimelético, alelomimético, investigativo, agonístico. De ahí sale el catálogo.

Lorenz y Tinbergen. Teorizaron la energía interna que se acumula hasta que un estímulo la libera. De ahí sale el motor.

Uno da el qué. El otro, la fuerza que lo mueve.

El nombre

No había nombre disponible.

Scott clasifica los comportamientos, pero no le pone nombre a la energía que los activa. Lorenz y Tinbergen sí se lo ponen —potencial de acción específico—, pero dentro de un modelo mecánico que no servía para lo que necesitábamos describir.

Así que lo acuñamos: impulso. Porque la palabra dice justo eso: algo ya inscrito en el individuo, antes de cualquier experiencia.

Nuestra aportación: el impulso no va solo. Va dentro de una secuencia

  1. Detonante — lo que activa el proceso
  2. Impulso — la energía de especie
  3. Herramientas genéticas — con qué cuenta
  4. Estrategia — qué pone en marcha
  5. Intención — qué busca de verdad
  6. Finalidad — abrir o cerrar la interacción

Cada pieza hace una cosa distinta. Y no son intercambiables.

Por qué separarlas importa

Dos perros. El mismo impulso predatorio. Dos perros distintos.

Uno se activa con cualquier movimiento pequeño. El otro solo con un animal concreto, y con nada más.

El impulso es el mismo. El detonante no, porque el detonante es subjetivo. Separarlos es lo que te dice dónde intervenir.

Una parte, no el todo

Los impulsos son una parte importante de nuestra didáctica, pero solo una parte. Son un elemento dentro de una estructura mucho más amplia que hemos ido construyendo durante años, y que solo funciona entera. El impulso ocupa ahí una capa concreta, y fuera de esa estructura se entiende a medias.

No es un tema fácil de resumir, así que lo hemos ordenado lo mejor que hemos sabido.

Si te ha servido, guárdalo para volver a la secuencia cuando la necesites, y compártelo con alguien que trabaje con perros.

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Comunicación canina real.

Referencias

Scott, J. P. (1950). «The Social Behavior of Dogs and Wolves: An Illustration of Sociobiological Systematics». Annals of the New York Academy of Sciences.

Scott, J. P. y Fuller, J. L. (1965). Genetics and the Social Behavior of the Dog.

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